
Allí enfrente pude apreciar que el torero me esperaba impaciente con la muleta y las banderillas dispuestas para cuando fuese el momento adecuado. En esos momentos es cuando uno se pone a pensar, ¿quién me ha preguntado si quiero o no arriesgar mi vida para diversión de algunos? ¿Por qué tendría que hacer algo que no me gustase? ¿Por qué no nací en ese país vecino llamado Portugal, que allí aunque toreen no te quitan la vida? Me costaba asumirlo, pero lo más probable era que no llegase a mañana. Aunque podría no ser así y tener la suerte de que los veterinarios actuasen lo suficientemente rápido como para vivir. No podría decir lo que sentí en aquel instante, si miedo al encontrarme en el ruedo o alegría por el que fue mi último pensamiento.
2 comentarios:
Esta historia la he escrito con la ayuda de mi hermana, que colaboró en la redacción.
Gracias Ale:)
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