lunes, 9 de junio de 2008

Mi negro destino

Se acercaba el momento de que llegara el encargado para llevarme a una de mis pesadillas más soñadas: el ruedo. Todos los toros conocíamos lo que nos pasaría. Empezaba con enfadarnos pinchándonos, apaleándonos... sin que pudiésemos hacer nada por evitarlo. Cuando por fin terminaba siempre acabábamos muy malheridos y justo en ese momento nos llevaban a ver el sol, la que sería nuestra última vez.
Allí enfrente pude apreciar que el torero me esperaba impaciente con la muleta y las banderillas dispuestas para cuando fuese el momento adecuado. En esos momentos es cuando uno se pone a pensar, ¿quién me ha preguntado si quiero o no arriesgar mi vida para diversión de algunos? ¿Por qué tendría que hacer algo que no me gustase? ¿Por qué no nací en ese país vecino llamado Portugal, que allí aunque toreen no te quitan la vida? Me costaba asumirlo, pero lo más probable era que no llegase a mañana. Aunque podría no ser así y tener la suerte de que los veterinarios actuasen lo suficientemente rápido como para vivir. No podría decir lo que sentí en aquel instante, si miedo al encontrarme en el ruedo o alegría por el que fue mi último pensamiento.

2 comentarios:

Marina dijo...

Esta historia la he escrito con la ayuda de mi hermana, que colaboró en la redacción.
Gracias Ale:)

Marina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.