
Me levanté rápidamente al oír el timbre de casa. Corrí hacia la puerta, esperaba que fuese él, que volviese de la guerra. Abrí la puerta con fuerza, no era quien yo creía, era un general, eso no podía ser una buena señal.
Le dejé pasar con un nudo en el corazón, por qué habría venido. Deseaba que no le hubiese pasado nada al amor de mi vida, sabía que era una vaga esperanza, pero era lo único que me quedaba: esperanza.
- Señora,- me llamó cortésmente- su marido me pidió que le entregara esto personalmente- dijo con una sonrisa a la vez que sacaba una carta de su condecorada chaqueta.
- Gracias- susurré con un hilo de voz cuando la depositó en mis manos.
La rasgué con dedos temblorosos. Respiré hondo un par de veces para tranquilizarme, al menos sabía que seguía con vida.
Querida Eva:
No sabes cuánto te extraño. Cada noche sueño que vuelvo a tu lado, por fin. Falta poco para que pueda estar contigo. Aquí aún necesitan ayuda, debo quedarme un tiempo, solo serán un par de meses más. Es mi deber, confió en que lo entiendas.
Espero que todo te vaya bien.
Te quiero,
David
P.D.:He mandado a mi amigo porque será mucho más rápido que el correo normal y no pierdas nunca la esperanza.
Noté como me invadía una maravillosa sensación que hacía tiempo que no sentía: alegría. Alegría por saber que él estaba bien y porque volvería... pronto.