jueves, 21 de mayo de 2009

Epílogo

Estaba en mi habitación mirando por la ventana después de que me diesen el alta hacía un par de días. Al salir del hospital me empecé a sentir vacía, como si algo ya no estuviese conmigo. No le di muchas vueltas al asunto. Hacía un sol radiante, un día perfecto para pasear y ser feliz, pero no podía, no quería. Me sentía mal, sabía que había perdido algo muy importante, y no solo la confianza de mis padres, los cuales pensaban que que tenía una vida de ensueño. Se sintieron mal al saber que me intenté suicidar, aunque yo tenía otras cosas en mente.
Llevaba horas mirando por aquella ventana, con la mirada ausente. Decidí dar un pequeño paseo, salir me vendría bien después de tanto tiempo encerrada. Los rayos de sol rozaban mi piel, los pájaros cantaban una hermosa canción. Estaba abstraída, pensando mientras miraba al suelo, las baldosas podían llegar a ser muy interesantes. Me choqué con algo, conociendo mi torpeza con una farola, levanté la vista confundida y me encontré con unos hermosos ojos avellana.
- ¿Estás bien? - me preguntó preocupado, su voz me sonó como la más bella melodía jamás escrita. Mi corazón latía con fuerza, la respiración se me corto y mis mejillas se tiñeron de leve tono rojizo.
- S... sí... - me costaba tragar, la lengua se me trababa. Sabía que le conocía, pero ¿de qué?
- Me alegro, Lara. No me gustaría volver a perderte.
Mi cara se llenó de confusión al oír aquellas palabras. ¿Cómo era que me conocía? Sabía mi nombre y dijo que no me quería volver a perder, ¿acaso ya me había perdido? Entonces, recordé algo, los momentos más felices de mi "vida".
- ¿Sayler? - dije con voz ilusionada.
Me sonrió con dulzura. Se acercó un poco más a mí y me agarró fuertemente de la cintura y me besó. Enredó sus dedos en mi pelo con pasión, enganché mis brazos en su cuello. Volvía a sentir el fuego que provocaba sus labios en mi boca, sus brazos en mi cuerpo. Tenerle cerca era maravilloso. Fue el mejor beso que puedo recordar.
Él perdió sus alas y su vida como ángel, para ganar una vida junto a mí.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Entre dos mundos IV


Se separó un poco de mí, perdiendo contacto. Quería sentir sus brazos en mi cuerpo, creando fuego a medida que lo recorrían. Me ruboricé ante tal pensamiento, pero él no pareció darse cuenta. Seguía en su lucha interna, buscando palabras o valor para decir algo, algo que podría cambiar mi vida. Me perdí en sus ojos como las avellanas durante un tiempo que se me hizo eterno, aunque maravilloso.
- No sé cómo decirte esto, me siento como un estúpido - se rió con cierto nerviosismo. Posé mi mano sobre su brazo, incitándole a continuar con una sonrisa en los labios. Vi como relajaba su postura, antes tensa. Yo por otro lado intentaba mantener una actitud tranquila, a pesar de que por dentro sentía el frenético bombeo de mi corazón, creía que se me iba a salir del pecho. Noté mis manos un tanto húmedas a causa de los nervios. Tragó saliva antes de hablar.
- Probablemente me vas a llamar loco, porque solo te conozco de vista desde hace años, aunque te conozca mejor que nadie. Yo quiero ser sincero contigo y por eso tengo que decirte que...
Contuve la respiración. Mi corazón dejó latir. El tiempo se paró.
- Te quiero - susurró acercándose a mí, todo iba a cámara lenta. Sus labios estaban a apenas unos pocos centímetros de los míos. Nuestras bocas se juntaron en un dulce beso, como si de una caricia se tratara. Se alejó de mí, dejándome con su sabor, que era incluso mejor de lo que había imaginado. Quería más. Era como el néctar más maravilloso que había sobre la faz de la Tierra. Vio mi cara de deseo y volvió a besarme, esta vez con más pasión. Me colgué de su cuello y noté como sus dedos se enredaban en mi pelo. Rozó mi mandíbula con su nariz, inhalando mi aroma y haciéndome sentir un cosquilleo. Nos separamos lentamente, sin querer perder el contacto, quedándonos así durante unos momentos. Disfrutando del contacto el otro.
- Lara - mi nombre salió de sus labios como la más bella canción que jamás de hubiese escrito - , no sabes cuanto me alegra que sientas lo mismo, pero...
¿Pero? ¿Qué pero podía haber en todo esto? Era perfecto, ¿acaso para él no? Me quedé mirándole expectante con el ceño levemente fruncido, quería oír lo que tenía que decirme.
- Esto es lo mejor que me podía pasar, pero no va a durar mucho y lo sabes. Vas a volver a la vida y no me vas a recordar ni a mí ni a nada de esto - posó su mano en mi mejilla en un inútil consuelo. En el fondo sabía que no podía ser, pero me prefería ilusionar a saber la verdad, es duro reconocerlo, pero es cierto.
- No puedo alargar lo inevitable, debo hacerlo ya o no habrá vuelta atrás - con cada palabra que pronunciaba mi corazón se rompía en mil pedazos. Mi primer amor y mi primer corazón roto, no era justo.
Una lágrima recorrió mi rostro. Me abrazó con fuerza, infundiéndome todo el cariño que podía. Oía palabras que salían de su boca en mi oído, palabras de amor que terminaría olvidando. Aflojó un poco sus brazos, el momento de la despedida se acercaba.
- Te quiero - susurré con la voz entrecortada.
- Y yo - dijo besándome con pasión, casi con furia.
Se alejó de mí, intenté alcanzarle, pero todo empezó a volverse blanco. Caí en la inconsciencia.

martes, 19 de mayo de 2009

Entre dos mundos III


- ¿Cuál es el plan? - susurré mientras aún estaba en sus brazos, notaba como mi corazón latía con fuerza, cosa que me era incapaz de parar. Además sentía algo en mi interior, algo que no había sentido antes, pero no sabía qué era, al menos, de momento.
- Hay un modo de que recuperes tu vida - acarició mi mejilla con la punta de sus dedos, provocándome un escalofrío de placer, eso pareció hacerle sonreír - , puede que no te guste mi idea, pero es la única posibilidad que hay para que no te quedes en coma para siempre.
Mi rostro se descompuso al oír esa mención sobre mi coma, hasta pensar en la palabra me hizo agarrarme con más fuerza a Sayler, que ese era su nombre, el nombre de mi ángel. Yo me imaginé que sería algo más convencional como Gabriel, pero su nombre me fascinó tanto como él. Sayler al ver mi reacción me abrazo con más ímpetu antes de volver a hablar, en un tono tranquilizador y seguro.
- Sé que es duro hablar del tema, pero tienes que ser fuerte.
Tragué saliva un par de veces, me era difícil hablar del tema sin ponerme a llorar de nuevo, pero mis ojos se mantendrían secos, volví a repetir mi pregunta inicial.
- ¿Cuál es el plan? - me dedicó una media sonrisa que hizo que el color volviera a mis mejillas. Un leve rubor que me hizo esconder la cara en su hombro. Al estar tan cerca de él podía saber cómo olía, distinguí una fragancia a pino y a flores silvestres. Mi mente divagó en pequeñas fantasías. Él y yo en mitad de un campo, abrazados, disfrutando de la compañía y del contacto del otro. Mi rostro se iluminó.
- Es simple y efectivo. Daré mis alas por ti.
La sonrisa desapareció de mi cara. Le miré con horror, ¿qué quería decir con eso? ¿Qué me iba a dejar? ¿Qué no le iba a volver a ver? ¿Qué él iba a... a morir? Nada de eso me gustaba, todo era terrible. Tenía que haber otra solución. No podía terminar así, no quería estar así.
- ¿Qué? - logré decir finalmente, la desesperación se palpaba claramente en el tono de mi voz. Las lágrimas deseaban salir, pero yo no iba a permitir que Sayler me viera así otra vez, no se lo merecía.
- Voy a dar mis alas para que recuperes tu vida - repitió lentamente - . No recordarás nada de todo esto cuando te despiertes - iba a preguntarle por qué, pero no hizo falta - , porque le pedí a, digámosle, "mi jefe" que me dejase conocerte personalmente antes de que entregase mis alas. Quería conocerte, verás, yo...
Parecía no encontrar las palabras adecuadas. No sabía qué quería decrime, pero yo deseaba oír algo que era imposible, quería oír que me quería. Su preocupación por mí me hizo sentirme especial, le importaba, le importaba mucho, tanto como para dar lo más valioso que tenía para que yo viviese, aunque quizá no lo suficiente como para no dejarme.

lunes, 18 de mayo de 2009

Entre dos mundos II


¡¿QUÉ?! ¿Coma? Eso era, era imposible. Yo estaba allí de pie, junto a él, cómo iba a estar en coma. Posó una de sus manos debajo de mi barbilla, haciendo, en un sutil movimiento, girar mi cabeza lo justo para que pudiese verme a mí tumbada en la cama con tubos en todo el cuerpo. Un escalofrío recorrió mi espalda. En mi rostro se dibujo una máscara de horror.

- ¿Estoy muerta?

- No - susurró suavemente acariciándome la mejilla –, eres un espíritu que está atrapado entre los dos mundos, el mundo de los vivos y el de los muertos - hizo una breve pausa, intentando buscar las palabras adecuadas - . Sé que esto no es lo que querías, pero tenía que hacer algo para que te dieses cuenta de todo lo que dejas atrás. Quería hacer algo por ti.

- No te entiendo... - mi voz se fue perdiendo, estaba demasiado confusa como para pensar con claridad.

- Saltaste desde el balcón de tu casa, querías acabar con todo, aunque de una forma un tanto drástica, debo decir. Esa no fue la mejor opción - dijo llevándome al sofá que había - , ¿lo recuerdas?

Vino a mi mente la imagen que él acababa de describir. Estaba yo, con lágrimas en los ojos, al filo del balcón, despidiéndome de todo, iba a poner fin a mi vida, a mi patética vida. Entonces salté. Lo último que recuerdo fue el suelo acercase a mí lentamente, como si se hubiese parado el tiempo. Cerré los ojos con fuerza y, después, todo se volvió negro.

Sentí como a mis ojos volvían las lágrimas, fieles amigas de mi vida, empezaba a ver borroso por ellas. Sentía sus fuertes brazos rodeándome el cuerpo, en un intento de consolarme. Era un espíritu atrapado, estuve atrapada en vida y ahora seguía igual. Lloré con más fuerza. Me agarré a él , no me quedaba nada, solo él, mi ángel. Le acababa de conocer y ya lo necesitaba más que al aire.

- Te he fallado, lo siento, pero te voy a recompensar - susurró en mi oído con voz suplicante, me pedía perdón por algo de lo que él no tenía la culpa, mi suicidio era mi decisión y ya no había vuelta atrás. En su voz, a pesar de haberme suplicado, tenía un deje seguridad y certeza que me hizo alzar la cabeza y mirarle a los ojos - . Solo necesito tu ayuda y que creas en mí.

- Eres lo único que me queda - dije entrecortadamente a causa de mis continuos sollozos. Al pronunciar aquello, su rostro se iluminó. Me dio un beso en la frente, noté como el rubor volvía a mis pálidas mejillas.

domingo, 17 de mayo de 2009

Entre dos mundos I


Sentí algo extraño al despertarme, abrí poco a poco los ojos, pero la luz me pareció demasiado fuerte, tarde un poco en acostumbrarme. Cuando finalmente conseguí ver mi alrededor, me quedé confundida. Las paredes eran blancas, había un sofá verde oscuro, bastante duro a juzgar por su aspecto, a un lado de la cama, una pequeña mesa con un par de revistas de cotilleos y de algo que no veía con claridad. Yo estaba envuelta en ásperas sábanas claras, que rozaban mi piel aunque no las sentía. Un pitido llamó mi atención. Bip, bip, bip. Era el latido de mi corazón en un monitor. Me encontraba en la habitación de un hospital. Estaba asustada. ¿Qué hacía yo allí? ¿Qué me había pasado?
Lentamente me incorporé, intentando asimilar donde estaba. Apoyé mis manos en el borde de la cama para levantarme. Mis pies rozaron las baldosas del frío y duro suelo. Una vez en pie, recorrí la habitación con la mirada. Me paré al ver a alguien apoyado en la puerta. Era un chico, con el pelo negro cubriéndole parte de los ojos, unos bellos ojos color avellana que me miraban con expectación. Tenía una media sonrisa que hizo que mi corazón latiese con más ímpetu. Era muy guapo, jamás había visto nadie como él. Aún con la sonrisa bailando en sus labios se acercó lentamente a mí, me costaba respirar.
- Por fin te has despertado, hacía horas que te estaba esperando - me dijo poniendo un mechón de mi pelo castaño claro detrás de la oreja. Me ruboricé cuando dejo caer su mano por mi mejilla, apenas una leve caricia.
- ¿Quién eres? - susurré después de haberme tranquilizado un poco, la garganta me dolió al pronunciar aquellas palabras, a mis oídos pareció más un gruñido. Lo cual me hizo ponerme aún más roja.
- Soy... - vaciló antes de responder a mi pregunta, cruzando por su cara el reflejo un atisbo de duda, finalmente con un suspiro dijo - soy tu ángel. Me han enviado para protegerte, pero no he hecho un buen trabajo.
Le miré atentamente esperando que me sonriera, y que era broma. Que era cualquier otra persona, cualquiera menos un ángel, mi ángel. Ese momento no llegó. Tragué saliva, había dicho que no había hecho un buen trabajo, a pesar de que yo estuviese ahí.
- ¿A qué te refieres? - las palabras brotaron de mis labios como un soplido, apenas audible. Me volvió a mirar con sorpresa en sus bellos ojos avellanas.
- Estás en coma.

martes, 12 de mayo de 2009

Horizonte


En una tarde clara y amplia como el hastío,
cuando su lanza blande el tórrido verano,
copiaban el fantasma de un grave sueño mío
mil sombras en teoría, enhiestas sobre el llano.

La gloria del ocaso era un purpúreo espejo,
era un cristal de llamas, que al infinito viejo
iba arrojando el grave soñar en la llanura...
Y yo sentí la espuela sonora de mi paso
repercutir lejana en el sangriento ocaso,
y más allá, la alegre canción de un alba pura.

Antonio Machado



Hacía tiempo que no subía un poema y quería compartir con vosotros este bonito poema de Machado, gran conocido de los aficionados por la poesía.

lunes, 4 de mayo de 2009

Tornado


No podía apartar mi mirada de él y de lo que provocaba. Causaba tal destrucción que me sobrecogía y me hacía sentir pequeña y frágil, como si yo fuese una delicada muñeca de cristal que, con solo tocarla, se podía romper en mil pedazos. Cada vez giraba con más fuerza, el tornado no paraba ni un segundo de aumentar su velocidad y su fuerza. Me acurruqué más, fingiendo que la manta era un escudo protector que me iba a salvar de todos mis miedos. Se acercó a una enorme villa en mitad del campo, en apenas un momento se la llevó, lo hizo con tanta facilidad que parecía haberse levado una hoja de un árbol en vez de una casa de tres pisos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al verlo de cerca. El tornado ahora decidió cambiar de rumbo en un giro inesperado, contuve la respiración, en lugar de ir hacia el bosque se fue a donde irían todas las catástrofes, a un pequeño pueblo que nadie conocía. Yo lo veía todo desde mi sofá, envuelta en mi pequeña capa protectora, y aunque fuese imposible, sentía sus ráfagas de viento como látigos en mi piel, arañando mi cara con el azote de mi pelo. A medida que se acercaba al pueblo mi corazón latía con más fuerza y mi frente se perló de diminutas gotas de un sudor frío que me hacía sentirme aun más indefensa. Me situé en la ventana, incapaz de contener mi nerviosismo. Volví a dirigir mi vista hacia él. Ya había llegado. Lentamente me senté en el sofá, por la noche iba a tener pesadillas. Decidí hacer lo más lógico...
Apagué la televisión.
No volvería a ver una película de tornados, tormentas o cualquier otra catástrofe por el estilo.